Guías para contratar

Dominio y hosting: qué contratar y a nombre de quién

Qué dominio elegir, qué hosting necesita tu web de verdad, cuánto se paga al año y por qué todo debe quedar a nombre de tu empresa y no del proveedor.

Daniel Figueroa

Daniel Figueroa

5 min de lectura

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Ilustración editorial sobre contratar dominio y hosting a nombre de tu empresa

Respuesta corta: el dominio y el hosting se contratan a nombre de tu empresa, con tu correo y tu tarjeta, aunque los configure otra persona. Son tu propiedad, no parte del servicio de quien te hace la web. Esa sola decisión evita el problema más caro que le veo a los clientes que llegan queriendo cambiar de proveedor.

¿Por qué importa tanto a nombre de quién está?

Porque quien figura como titular del dominio es quien lo controla. Si está a nombre de tu proveedor y un día dejan de trabajar juntos, tu web, tu correo y tu posicionamiento quedan del otro lado de una conversación que puede ponerse fea.

Lo mismo con el hosting. Si el acceso al panel es solo suyo, no puedes ni bajarte una copia de tu propia web.

No es sospechar de nadie: es la misma lógica por la que el local de tu negocio está a tu nombre aunque lo haya pintado otro. Un proveedor serio te lo va a ofrecer sin que lo pidas. Si pone pegas, ahí tienes tu respuesta.

¿Qué dominio elijo?

Tres decisiones, en este orden.

El nombre. Corto, fácil de dictar por teléfono y sin guiones. Si tienes que deletrearlo cada vez, elige otro. Evita nombres que dependan de una tilde o de una letra que se confunde al escuchar.

La extensión. En Perú compiten tres. El .com es el más reconocible y el que la gente escribe por defecto. El .pe y el .com.pe transmiten cercanía local y suelen estar más libres. Ninguna extensión posiciona mejor por sí sola: lo que cambia es la expectativa de quien la lee.

Cuántos registrar. Si tu marca importa, registra la versión .com y la local, y redirige una a la otra. Cuesta poco al año y evita que alguien la tome cuando empieces a sonar.

¿Qué hosting necesito de verdad?

Menos del que te venden y mejor del que eliges por precio. Tres niveles:

  • Compartido. Tu web convive con muchas otras en el mismo servidor. Sirve para una web corporativa o una landing con tráfico moderado. En los planes más baratos compartes recursos con cientos de sitios, y ahí la web va bien de madrugada y mal a las once de la mañana.
  • Servidor virtual. Recursos reservados para ti. Es el salto natural cuando tienes una tienda con pedidos diarios o tráfico de campañas.
  • Administrado. Alguien se encarga de las actualizaciones, las copias y la seguridad. Cuesta más y te quita el trabajo de encima.

¿Qué mirar antes de contratar?

Ignora los gigabytes, que casi nunca son el problema. Estas son las cosas que sí importan:

  • Versión de PHP disponible. Que puedas usar una versión moderna y cambiarla tú desde el panel.
  • Certificado de seguridad incluido y renovándose solo.
  • Copias de seguridad automáticas y, sobre todo, que puedas restaurarlas tú sin pedir permiso.
  • Un entorno de pruebas. Poder clonar la web para probar cambios sin tocar la que está en vivo vale más de lo que parece.
  • Dónde está el servidor. Para un público peruano, un servidor en la región responde más rápido que uno en Europa.
  • Soporte real, con respuesta en minutos y no en días.
  • El precio de renovación. Aquí está la letra pequeña: muchos planes se contratan con un descuento fuerte el primer año y renuevan al triple.

¿Cuánto cuesta al año?

El dominio es un gasto pequeño y fijo que se renueva cada año. El hosting varía mucho según el nivel, y la diferencia entre el plan más barato y uno decente suele ser de unas pocas decenas de soles al mes.

Lo que sí conviene hacer es la cuenta al revés: cuánto te cuesta una hora de tienda caída, o una web lenta en plena campaña. Con esa cifra delante, ahorrar en hosting deja de parecer un ahorro.

En mis proyectos la contratación va guiada y el pago es directo tuyo al proveedor, precisamente para que la titularidad quede clara desde el primer día.

¿Y el correo del dominio?

Es el punto que más sustos da al migrar. Mucha gente usa el correo que viene con el hosting, y cuando mueve la web de servidor descubre que el correo se fue con ella.

Lo ordenado es separarlos: la web en el hosting y el correo en un servicio de correo. Así puedes cambiar de hosting sin que nadie se quede sin escribir.

¿Qué pido al cerrar el proyecto?

Una lista corta que deberías tener guardada antes de pagar la última factura:

  • Acceso al registrador del dominio, con la cuenta a tu nombre.
  • Acceso al panel del hosting, como administrador.
  • Usuario administrador de tu WordPress.
  • Dónde están las copias de seguridad y cómo se restauran.
  • Qué licencias anuales hay, cuánto cuestan y cuándo vencen.

Si algo de esa lista no te lo dan, no has terminado el proyecto: has alquilado una web.

Conversemos

Si ya tienes web y no sabes a nombre de quién está el dominio, se puede averiguar en un minuto. Dime tu dominio y te digo qué figura públicamente y qué tendrías que reclamar.

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Daniel Figueroa

Daniel Figueroa

Desarrollador web y diseñador UX/UI. Diseño y construyo sitios corporativos, ecommerce y plataformas internas para empresas que necesitan vender más y operar mejor. Más de 200 proyectos entregados en 8 países, desde Lima.

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